Si lo sabemos todos: tras la I Guerra Mundial, Alemania quedó humillada y bien jodida. El orgullo perdido del país enalteció a Hitler. Después de todas las atrocidades cometidas por él y sus secuaces, Hitler pasó a ser EL Villano de la Historia. Y nos creemos muy listos todos; creemos que si hubiéramos sido alemanes en aquella época, habríamos luchado contra el Jitler, y hasta habríamos ido a dar de comer, a escondidas, a los pobrecitos judiítos que había en Auschwitz. Y jamás habríamos delatado a nadie ante las SS, gracias a nuestros férreos valores morales, no como esos alemanuchos, que vendieron hasta a su madre.

Qué fácil se ve todo en perspectiva.

Para ocultar su ineptitud a la hora de resolver conflictos internos que le venían grandes, el discurso de Hitler (o eso nos han contado), se basaba en el odio a los judíos y en culparles de todos los problemas de los alemanes.

Eso de culpar a los judíos… qué mal, ¿no? Qué chungo, el Jitler. Puto nazi. Qué racista.

Aunque bueno… eso de culpar a alguien ajeno… es un poco como lo de escandalizarse porque un inmigrante cobre ilegalmente la RGI, pero callarse cuando el jefe no te paga tus horas extra “porque, ahora mismo, la empresa no se puede permitir pagártelas, pero si quieres conservar tu puesto de trabajo, tendrás que hacerlas. Tú verás. Y la cosa está muy mal, eh”.

Es un poco como no inmutarse ante la ley mordaza, pero expresar asco y miedo por “lo peligroso que está el barrio desde que ha llegado tanto sudaca, que son muy violentos y van en bandas de esas de Latinkins, que te roban y te pegan”.

Es un poco como aceptar que la violencia contra las tías esté socialmente aceptada, pero espantarse al ver tías con burka; “cómo pueden aceptar eso, cómo no se rebelan, a mí eso no me lo hacen ni muerta, tía”, dices, mientras un borracho te agarra el culo en un bar y no te das la vuelta “porque no quieres problemas”.

Es un poco como creer que miras a Venezuela cuando nos han puesto a todos mirando a Cuenca.

El chivo expiatorio existe desde hace siglos. Y no nos enteramos.

Porque claro, aquí hay democracia y es el pueblo el que elige, no como en esos paísuchos de por ahí, que están tó destrozaos (¿quién habrá sido el que los ha destrozado?), que son dictaduras chungas y encima dictaduras islamistas radicales de esas, que oprimen a la peña a saco, que son súper machistas, y es que la gente no se rebela. ¡Que arreglen su país! A ver por qué tienen que venir esos p… moros a robarnos.

O mucho peor: a cometer atentados como el de ayer en Barcelona. Atentados en los que lo único que me creo y lamento son los muertos que quedaron sobre el asfalto.

Hoy, toca oír mensajes institucionales en favor de la “unidad”, dicho esto por un presidente democráticamente elegido. El primer presidente en “democracia” llamado a declarar a un juicio por la corrupción del partido que representa. Unidad, me pide el pavo. Unidad ¿CON QUÉ? O… Unidad ¿CONTRA QUÉ?

Pues claro que estamos horrorizados ante lo que pasó ayer en Barcelona. Pues claro que rechazamos el terrorismo. Pues claro que nos asquean las muertes sin sentido. Pues claro que nos repugna algo TAN cruel.

Y que quede claro que lo mío no son rollos partidistas, porque tanto pp-psoe-podemos-todosesosdelvotoútileinútil me parecen la misma MIERDA.

El enemigo de esa inexistente “unidad” que ahora nos piden NO viene de fuera.

Podríamos culpar de nuestras penas a los judíos, pero no hay judío para tanta pena. Y matar públicamente a un chivo o cargarle con nuestras culpas, pues joe, no sé. Igual queda como antiguo.

El enemigo de la “unidad” está AQUÍ. Es bien visible, actúa con descaro y estamos metidos en su sistema hasta las trancas. Aceptamos sus abusos con una naturalidad pasmosa. Nos creemos sin rechistar sus excusas (léase “mentiras”). Porque es verdad. “La cosa está muy mal”. ¿Por qué estará tan mal “la cosa”? ¿Quién es el responsable de “la cosa”? ¿Quién la puede arreglar?

Y al llegar a casa, para silenciar el asco que nos damos a nosotros mismos por comulgar con ruedas de molino, nos leemos cuatro artículos motivacionales de esos que nos dicen lo inteligentes y atractivos que somos según la inicial de nuestro nombre. O ponemos una foto temporal en nuestro perfil de Facebook con un lacito negro, en solidaridad con las víctimas de turno (¿o debería decir “las víctimas de moda”?). O discutimos en el bar acerca del inapelable deber ciudadano de ir a votar, “y si no vas, luego no te quejes”. O ponemos a parir a esos inmigrantes-hijoputas-ladrones-terroristas que se interponen en nuestro bienestar, ese peazo bienestar que disfrutamos día a día. Si es que… Putos judíos.

Y luego, nos vamos a dormir, satisfechos y sonrientes. En nuestro pequeño, cómodo y aceptable Auschwitz. Con los muertos aun calientes.  Qué bien, que no nos ha atropellado ni nos ha jodido la vida un islamista cabrón de esos. Al menos, hoy.

NO.

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