Fuzz 2017

Fotos: http://denaflows.com/

Muchos de los festis que antaño molaban han ido perdiendo el encanto que podían tener al principio y tratan al festivalero peor cada año. Precios aun más caros para todo, condiciones de acampada terroríficas o un sonido de mierda (véase Hellacopters en el Azkena 2016) son algunos de los recortes que hemos ido sufriendo. Total, como te gustan los grupos, vas a ir. Y te expones a que te traten como a ganado. Y entre leyes mordaza, acojone social  y que estamos un poco gilipollas todos, no se ha vuelto a liar una como la del Festimad 2005 (mi primer festi, ¡oh!), pero no porque los organizadores no lo merezcan. ¿Por qué ha ido degenerando el ambiente? No será por pasta; si les patrocina hasta el apuntador. Ni en el corte inglés ves tanta publicidad.

El Fuzz ha conseguido lo que esos festis mucho más grandes y con más medios nos intentan vender: personalidad, autenticidad y una comunidad de fieles a su alrededor. Se celebra en los locales de siempre, a los precios de siempre. Con una programación muy currada y que ofrece distintos escenarios a diferentes horas, muchos gratuitos. Un festi que durante un finde impregna esta City, que cada día está más podrida de arquitecturita de diseño y “efecto Guggenheim”.

A pesar de haberme propuesto ir a los eventos diurnos esta vez, he sido (nuevamente) un puto desastre y mi proverbial “puntualidad” me la ha jugado otra vez. El que nace lechón, muere cochino.

Viernes, 31 de marzo. Hika Ateneo

Mi “puntualidad” y que caía una tormentaca que desanimaba al más pintado me impidió ver a Norman. Escuché opiniones desiguales; a algunos les había molado y habían apreciado su toque hardcore, a otros, “ni fu ni fa”. Esa disparidad me hace sentir que me lo debo, y que tengo que ir a verlos la próxima vez que anden cerca. Bueno, depende de la hora del bolo…

The Smoggers fueron para mí lo mejor del día. Garaje punk currado, con un punto macarra, como todo punk y derivados deben tener, y a la vez con actitud elegante y mucho trabajo detrás de unas melodías que sonaban redondas pero frescas. Mucho arte, estos sevillanos, y muchos años subiéndose a las tarimas. Dejaron el pabellón muy alto.

Los Infartos me resultaron algo planos. Buen hacer el de unos chavales bastante jovencitos, con un garaje divertido pero algo manido. Puede que les falte algo de personalidad en lo musical, que no ganas y oficio. Apuntan maneras.

Es imposible no dejarse llevar por la vorágine Fuzz, así que fuimos al Gure Txoko, donde había pinchada fuzzera y el ambiente era cada vez más denso y gamberro. Puse nombre por fin a muchas de esas caras con las que solo, pero siempre, coincido en este festi. A pesar de la noche de perros y de que me había propuesto “irme pronto” (JAAJAJAJAAAA) para no perderme el programa diurno del sábado, la noche hubo que terminarla en el Kremlin, compartiendo barra con los músicos que había disfrutado poco antes. De hecho, alguno de Los Infartos hizo honor al tópico italiano y andaba dando la brasa al personal femenino. Tuve la oportunidad de conocer a Juancar Soria, pinchadiscos y fuzzero de pro pero, por si fuera poco, un tío más que encantador. Dí por finalizada la primera Fuzz-noche casi a las 7 de la mañana, y me fui con esa alegría que se te queda cuando te lo has pasado de puta madre.

Sábado 1 de abril. Hika Ateneo

Mi propósito de ir al programa diurno se fue al garete, cómo no. Vergüenza de mis hijos. En fin, peor para mí, que me perdí a Greasy & Grizzly en el Txondorra, y eran una de las propuestas que más me apetecía. Corroboraron mi desazón los colegas que asistieron al bolo, abroncándome por haberme perdido un conci semejante, que fue de los que no abundan. Jo.

Llegué al Hika con Viva Bazooka calentando al personal. Cuando voy a un bolo de un grupo que no conozco, me gusta ir sin haber escuchado nada previamente, por eso que se dice de las primeras impresiones; esas que duran menos de un segundo pero te hacen enamorarte… u odiar a alguien, un poco así porque sí… ¿o no? Pero estos dos me despertaron demasiada curiosidad y me los escuché un poco antes del Fuzz. Y no pude más que sorprenderme de su potencia; disparaban ritmos ruidosos, acelerados y con percusión enloquecida a un público que los acogía encantado. Uno de esos dúos tan especiales, sí… Is this love?

Ya empezaba a hacer un calor pelín asfixiante en el Hika. Y salieron The Shook Ups. Y se salieron, en lo musical y en… todo. Los 6 ingleses estaban apretadicos en el escenario, todos con sus jersetos negros de punto, no muy cómodos para los 240 grados Farenjait que ya había en el local. Vestían igual pero sus comportamientos contrastaban: algunos, como el teclista, serios y sin menearse mucho, mientras el cantante… Qué pavo. Qué bailoteos, qué desprecio hacia el bienestar de sus propias articulaciones. Casi se me rompe los meniscos, aunque la verdad es que acabamos antes enumerando lo que le quedó sano. Ritmos locos, mucho sudor, melodías sólidas, curradas y muy completas, con ecos de The Seeds y The Music Machine pero en modo “pasados de todo”, sonidaco y actitud. Sí. Esto sí que fue LOVE.

Cuando los cristales de las puertas del Hika ya estaban más que empañados y andábamos unos cuantos haciendo dibujitos gilipollas en ellos- bendito el que haya tenido que limpiarlos y lo que se habrá cagao en nuestra puta vida, con razón- salieron The Scumbugs. Con sus disfraces (uno incluía un regio manto de armiño que enmarcaba una espléndida tolva) y sus máscaras de mosca. Muy cómodos para el caloraco que estábamos ya sufriendo todos, vaya.  Con un rollo disfrutón, festivo y macarra, guitarras potentes y batería cañera, se curraron un punk rock básico y directo, con algún lejano reflejo de los primeros Turbonegro (qué tendrá Noruega) pero en alegres. Se descojonaron  de sí mismos y de todos los que estábamos ahí, sudado como pollos pero sin dejar de bailar. Y resulta que luego uno de ellos hasta hablaba en castellano con un bello acento de Murcia.

El resto de la noche “comenzó” en el Gure Txoko, aunque yo me perdí en la oscuridad, y después la retomé en el Kremlin, donde los músicos confraternizaban con su público (y aunque me reitero, esa es una de las cualidades del Fuzz; el grupo que quiera ser un superstar princesito e inaccesible, que no venga, que igual se mancha). El ambiente fue bailongo y trotero, y sí, de nuevo la noche se volvió a prolongar… Y hasta aquí voy a leer.

Canallesco, con personalidad apabullante, infeccioso, fraternal… Indefinible. Y sin duda alguna, IMPRESCINDIBLE. Soy adicta, y los adictos empezamos a ser una pequeña legión: la Comunidad Fuzz. Ainhoa, Koko, almas máters del invento: KEEP ON FUZZIN´! Esta City os NECESITA.

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