La lista de diosMucho se habla estos días del supuesto veto de Emakunde al “Despacito” (entre otras mierdas), la canción más cansina de la historia, por su contenido machista y con el objetivo de contribuir a acabar con las agresiones sexistas, sobre todo en fiestas. Los medios han repetido machaconamente (“Despacito” style) que esas canciones se han prohibido (si se pueden prohibir canciones, que alguien me diga cómo, POR FAVOR). Emakunde no ha vetado nada, simplemente ha propuesto una playlist de canciones cuyas letras no tratan a las tías como a mierda. Por mí, ya podían vetar y enterrar esas “canciones” y a sus autores para siempre.  Porque son una agresión al cerebro de cualquiera que lo tenga. Ahora bien, ¿va a contribuir esto a que no haya agresiones en fiestas? Lo dudo.

El día 22/07/2017, hace nada, fui con mi pareja y unos amigos a fiestas de Arrigorriaga para ver el concierto de Def Con Dos. Antes de que empezara, mi chico y yo entramos en el batzoki de la localidad para ir al baño, tomar algo y sentarnos un rato.

Nada más entrar, un mostrenco muy borracho de 1,90 y 100 kilos, sentado en la barra, me dice algo que no entiendo y, al pasar a su lado, me golpea el hombro con el dorso de la mano, balbuceando no sé qué. No hago caso, a pesar del asquito que me da, y sigo hasta el baño. Al salir, me siento con mi chico en un taburete y tomamos un par de birras.

El mostrenco se acerca desde la barra y se sienta pegado a mí, apoyándose en mi espalda. Me vuelvo, y al hacerlo se le cae su cerveza por encima. Harta, agarro mi asiento y me aparto encarándome con él, diciéndole que estoy hasta las putas narices ya. Entonces el mostrenco intenta “hablar” (balbucear) conmigo, diciéndome “yo no te he tocao, yo no te he tocao” o algo así. No lo dice a modo de disculpa, si es lo que parece, sino para discutir y buscar bronca. Mi pareja también se le enfrenta mandándole a tomar por culo, pero el mostrenco, aunque se aparta un poco, sigue ahí mascullando.

Todo el bar nos está mirando. Nadie hace nada, excepto un chico, no sé si conocido del mostrenco o no, que le agarra y le dice que se calme. Los amigos del mostrenco nos miran desafiantes durante un buen rato.  El imbécil este sigue increpando a toda mujer que pase por delante de él y se termina sentando con un grupo de viejales a los que parece hacerles mucha gracia el estado lamentable en el que va.

Claro, pobre chaval, se emborracha porque tiene que divertirse… Yo, en cambio, no, ¿verdad? No tengo ese derecho a divertirme ni el de entrar en un bar sin que un retrasado me moleste, porque “hija, si es normal”. Ser una tía es lo que tiene. Que “provocas” solo por ser lo que eres. Mala suerte que tienes.

Después de estar un rato allí, porque la verdad es que yo no tenía ganas de montar bronca, pero tampoco me daba la gana de irme, mi chico va a por otro trago. Y la camarera le dice “Ay, ¿habéis tenido problemas con ese tío? Ya lo he visto, eh, pero es que no podía salir de la barra…”. ¿Por qué no has echado antes a ese baboso, que estaba molestando a todo el mundo en TU bar, tronca? Puedo entender que te dé miedo porque era un mostrenco borrachísimo, pero tienes la opción de pedir ayuda a alguien más o de llamar a quien consideres.

Estas agresiones se ven con normalidad y están en la sociedad: en el imbécil que se cree con derecho a molestar; en los amigos que lo ven y se ponen de su lado; en toda la clientela que lo ve y no hace nada, excepto el chico que frena al mostrenco; en los responsables del bar, cuya camarera “no podía salir de la barra” y cuyo camarero se hace el loco, sin ningún reparo; en los viejos que aguantan al imbécil de borracho y le ríen las gracias mirándonos.

Y nada, oye. Todo se arregla haciendo campañitas monas, cartelitos morados con su “No es no” y haciendo playlists, según las instituciones. Joder, si es así lo podíais haber hecho ya hace años, ¿no? ¿Están las instituciones preocupadas por este tema, o solo pretenden “quedar bien” y tomar medidas superficiales, sin atacar la raíz del problema? Más bien diría lo segundo. Cuentan además con la inestimable colaboración de los medios de comunicación, que amplifican sin ningún pudor una noticia falsa y nos mantienen entretenidos discutiendo que hayan “prohibido” el puto “Despacito”, con lo que solo desvían la atención del problema y contribuyen a banalizar, aun más, esas agresiones sexistas ante las que parece que tenemos que resignarnos.

Este es el tema que propongo yo para esa playlist. Si alguien va molestando y buscando una patada en la boca, nadie puede negarle ese derecho. Faltaría más.

Categories: Uncategorized

One Response so far.

  1. […] un poco como aceptar que la violencia contra las tías esté socialmente aceptada, pero espantarse al ver tías con burka; “cómo pueden aceptar eso, cómo no se rebelan, a mí […]

Leave a Reply